14 de febrero de 2009

Salvar lo que Pueda Ser Salvado

Marcial Maciel DegolladoGeorge Weigel

Durante el mes de mayo de 2006, la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) hizo pública su decisión de "invitar" al P. Marcial Maciel, fundador de la Legión de Cristo y del movimiento laico Regnum Christi, a una "vida de reserva, penitencia y oración, renunciando a cualquier forma de ministerio público." La decisión de la CDF fue aprobada por S.S. Benedicto XVI. Desde esa fecha en adelante, antes y después de la muerte del P. Maciel en 2008, miebros de la curia superior de la Santa Sede han insistido que dicha acción intentaba "salvar a la Legión y Regnum Christi," según cierto oficial de la curia me lo manifestó.
Asumiendo, con la mejor voluntad, que esta es aún la intención de la Santa Sede, se debe actuar sin demora para ocuparse de este tren fuera de control que se dirige aceleradamente hacia el abismo, pues eso es en lo que la Legión y el Regnum Christi se han convertido en los últimos diez días (segunda semana de Febrero de 2009) desde que reportes fidedignos han aparecido en la blogosfera indicando que el P. Maciel ha vivido una vida de escándalo sexual y financiero, probablemente por décadas.
Los reportes han emanado de aquellos que han sido informados de la investigación sobre Maciel que la misma Legión ha hecho, sin embargo, no hay todavía una declaración formal de parte de los directivos de la Legión que indique lo que esas investigaciones han descubierto. No ha habido una revelación completa de lo que se sabe de los actos corrupctos del P. Maciel. No se ha revelado la naturaleza de dichos actos ni la extensión de la red de engaños que él tejió dentro de la Legión de Cristo y aún más allá. No ha habido un reconocimiento público de lo que aquellos sacerdotes de la Legión que son fieles, ortodoxos y moralmente rectos, creen que han sido graves corrupciones de la cultura institucional de su comunidad.
La carta del P. Alvaro Corcuera a los fieles de Regnum Christi, distribuída la semana pasada y disponible inmediatamente en el internet, resultó inadecuada al no nombrar esos pecados por lo que son. Los comunicados públicos de los portavoces de la Legión en Roma y en los Estados Unidos han sido igualmente inadecuados, en buena parte debido a las faltas de los directores de la Legión y a la postura inherentemente defensiva de la institución.
Dos sacerdotes valientes de la Legión, el P. Thomas Berg y el P. Richard Gill, han hecho públicas declaraciones personales que enfrentan los hechos tal como los hemos llegado a conocer hasta el momento, sin temor a lo que esto implica con respeto a cualquier juicio que se pueda hacer sobre el P. Maciel. Otro sacerdote de la Legión, el P. Thomas Williams, ha enfrentado con entereza la verdad de estas iniquidades en EWTN (Red de la Palabra Eterna) este pasado Viernes 6 de Febero por la noche. Los padres Berg, Gill, y Williams reconocieron admirablemente sus propias falencias, que les impidieron detectar los engaños del P. Maciel. Sus palabras reconfirman lo que los amigos de los sacerdotes legionarios han sabido siempre—que hay mucho de bueno entre los miembros fieles de Regnum Christi.
El asunto ahora es: ¿cómo salvaremos lo bueno?
Lo bueno puede ser salvado solamente si hay una apertura completa y pública que revele las perfidias del P. Maciel y si se examina la extensión de toda posible complicidad dentro de la Legión de Cristo. Tal examen debe ser combinado con un análisis despiadadamente franco de la cultura institucional en la cual estas prácticas se desarrollaron. Solamente después de haber hecho esa clase de auditoría moral e institucional, y habiéndose visto públicamente la limpieza de dicha auditoría, la Legión de Cristo y el resto de la Iglesia en general podrán enfrentar los interrogantes que plantea el futuro de la Legión—que son, sinceramente, preguntas evidentes:
—¿Se puede separar el bien que ha resultado de la Legión y de Regnum Christi de la persona y el legado del P. Maciel?
—¿Se puede reformar a la Legión desde adentro, luego que los cómplices en la red de engaños del P. Maciel hayan sido expulsados?
—¿Será necesario disolver la Legión, con excepción posiblemente de un grupo de intachables legionarios, que formen una congregación religiosa dedicada a los ideales que el P. Maciel ha manchado con sus pecados y la cultura institucional del grupo tan manifiestamente herida?
Ninguna de estas preguntas puede ser respondida, ni en reflexión ni en oración, sin que haya primero una auditoría amplia y completa.
Las fallas y deslices de los últimos diez días han dejado bien claro que tal auditoría no puede ser conducida por la dirección ejecutiva de la Legión, que muy posiblemente se encuentra en el centro de un remolino de presiones internas y externas. Esto debe ser ordenado por el Papa y debe ser conducido por alguien que responda al Papa y solamente al Papa—alguien que no responda a la burocracia vaticana, ni al Cardenal Secretario de estado, sino por alguien que responda solamente al Papa. Simplemente, no hay otro camino a mano que sea al mismo tiempo escrupulosamente honesto y públicamente creíble.
Tomando un ejemplo de la jusrisprudencia comercial, la Legión de Cristo debe ser puesta inmediatamente bajo intervención. Un delegado personal, asignado por el Papa, debe ser autorizado a tomar control de la Legión de Cristo y a conducir la auditoría moral e institucional necesaria. El delegado papal debe reportar sus hallazgos, temporarios y permanentes al Papa y solamente al Papa, con instrucciones de hacer disponibles sus recomendaciones (repito, solamente al Papa) evaluando las posibilidades futuras de la Legión, incluídas su disolución o su disolucióny reconstitución.
¿Por qué no hacer este trabajo por medio de los procesos normales de la curia, quizás una visita apostólica a la Legión ordenada por el Papa, procediendo a través de Congregación para los Institutos de la Vida Consagrada (comúnmente llamada Congregación para los Religiosos)? Porque, según nos informan fuentes confiables, dichas autoridades de la curia han resistido esa solución en los años anteriores a la decisión que la CDF tomó en el 2006, y la Congregación para la Vida Consagrada la ha estado resistiendo desde que explotó el último escándalo sobre Maciel.
Esa resistencia no cabe a la conducta de ningún oficial de la curia que tenga que desempeñarse como supervisor en una auditoría moral e institucional que sea, en última instancia, creíble. Agreguemos que las últimas semanas de caos, confusión e incompetencia en la curia, que resultaron luego de que se levantaran las excomunicaciones de los cuatro obispos lefevristas, han dejado en claro la disfuncionalidad de la curia en lo que toca al análisis y la gerencia de situaciones críticas. Una curia en la que ninguno de los dirigentes ha tenido el simple sentido común de buscar los antecedentes de Richard Williamson en Google, en la que ningún subordinado ha tenido la capacidad o el temple de llamar la atención de sus superiores a ese peligro latente, no es una curia capaz de llegar a las raíces del escándalo creado por la traición de Maciel. Tampoco son capaces, francamente hablando, de conducir una investigación que le resulte creíble al público en general. Esto es lamentable que esto sea así, porque hay muchas personas buenas y honorables trabajando en la curia romana. Sin embargo, esa es la situación.
¿Qué calificaciones debería tener el hombre a quien el Papa confíe el gobierno de la Legión como delegado papal para llegar al fondo de la crisis en la Legión? Debiera ser un sacerdote, un religioso dedicado que conozca bien la dinámica de la vida religiosa, lo bueno y lo malo. Debiera ser un hombre de reconocida probidad. Debiera tener, quizás no tan obviamente, experiencia en lidiar con escándalos sexuales y financieros en forma directa, valiente y efectiva. Idealmente, debiera ser alguien que ya tiene experiencia en reformar una institución religiosa, seminario, o comunidad que haya sufrido una caída de sus ideales originarios. Debiera ser alguien que entienda perfectamente el español, pues el papeleo que debe investigar estará mayormente en ese idioma. Además deberá conocer bien el italiano y el inglés para poder investigar y conducir entrevistas en los principales idiomas de la legión. Debe ser competente en la ley canóniga y debe conocer buenos abogados canónigos.
Existen hombres con estas cualificaciones. Uno de ellos debe ser asignado a esta tarea difícil y onerosa, pero esencial—pronto—si es que lo bueno que existe entre los fieles legionarios y miembros de Regnum Christi va a encontrar una salida hacia el futuro, lo cual le conviene a toda la Iglesia Católica.

George Weigel es miembro académico del Instituto de Etica y Centro de Ciencias Políticas de Washington, Decano de la Cátedra William E. Simon para Estudios Católicos.

Originalmente publicado en First Things. Derechos Reservados.
Traducido por Carlos Caso-Rosendi

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