9 de julio de 2009

Comunión y Comunidad

Michael Novak

Justo antes de que comenzara el Concilio Vaticano II, Joseph Ratzinger (ahora Benedicto XVI) junto con otros fundó una escuela de pensamiento llamada "Teología de la Comunión". La vida interior de Dios nos ha sido revelada como una Trinidad, una comunión de personas. Así debiera ser la vida interior de cada persona creada a la imagen de Dios.

De manera que, las cuatro ideas principales en la nueva encíclica Caritas in Veritate son: comunión, don y verdad. Sin duda esta es la más teológica, la más específicamente católica de todas las encíclicas desde 1891. Su intención es mostrar el contexto divino de la política económica y el dramatismo de las lenguas de fuego que de ella se elevan: su inspiración y su aspiración.

Como lo indicó Abraham Lincoln, la esclavitud en los Estados Unidos no podía ser superada por el temor que subyace a la tendencia humana hacia la propia preservación, tal como lo apuntara John Locke, sino que debía estar unido a una concepción mayor y más generosa de la realidad del otro. El progreso y el desarrollo humanos siempre dependen de un impulso que tiende a alcanzar lo superior.

Benedicto XVI ve a la política económica de hoy atrapada en un resurgimiento mundial, cuyas posibilidades debemos interpretar con precisión. Los pueblos del mundo están siendo aunados por un empuje creciente, sin entenderse bien unos a otros, apretados unos contra otros. Se los llama a ser uno. Cada vez con más frecuencia, se enseñan mutuamente ideas sobre los derechos humanos, la protesta, la libre asociación, la libertad de palabra, la justicia y la equidad.

El mundo, dicho brevemente, gime en su ansiedad por una comunión interior. Y uno de los secretos más importantes de la comunión humana surge de las realidades que llamamos persona y comunión en la naturaleza del Creador que nos ha hecho libres en gracia. Las personas, aún en comunión, subsisten como personas únicas.

En la particular visión católica del cosmos, todo comienza en la vida interior, personal, comunal de la Divinidad. Esto se resume en nuestra propia experiencia personal, que las dos experiencias más parecidas a la experiencia divina en nuestras vidas, tienen que ver con el amor que es la perfecta y mutua comunión de unos con otros y la dulce satisfacción que proviene de la templanza y responsabilidad personal en momentos de gran tensión ("Confirma tu alma en la templanza, tu libertad en la Ley.")

Desde este punto, la visión católica concluye que "todo lo que contemplamos es gracia". La creación entera fluye como resultado de la sobreabundancia de la gracia. Un panadero que se muda a un vecindario para hacer pan y pasteles cada mañana, es un regalo para nuestras vidas. Aquellos que viven para brindarnos sus dones son ellos mismos un don, especialmente si al hacerlo son amables y considerados.

El Papa nos pide que miremos la vida económica a la luz del acto de entrega, aun cuando ese acto se realiza dentro de las convenciones del intercambio y el precio. Es la generosidad humana que toca este acto—la dimensión humana del comercio—lo que no debiéramos perder de vista si queremos que el mundo se conserve (o llegue a ser) más humano.

Traducido del original en inglés por Carlos Caso-Rosendi

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