30 de julio de 2009

La Lógica Retorcida del Aborto

P. Tadeus Pacholczyk

Mucha gente influyente e instituciones de nuestra sociedad, incluyendo Hollywood y los medios masivos de comunicación, apoyan con fuerza el aborto. Sin embargo, para justificar su posición, deben desafiar la lógica e ignorar ciertas obvias verdades.

Un ejemplo de este desvío es el argumento repetido con frecuencia de que el aborto es un asunto que se reduce al cuerpo de la mujer. La actriz Amy Brenneman, lo puso así, "A menos que una mujer realmente tenga soberanía sobre su propio cuerpo realmente no hemos llegado tan lejos."

La falla evidente de este argumento fue inteligentemente expuesta hace ya unos años por la supermodelo Kathy Ireland (que en un tiempo apoyaba el aborto) durante una entrevista en televisión: "Hay gente que dice, 'Bueno, es el cuerpo de la mujer; ella debiera elegir. Hay un 50% de probabilidades de que el bebé sea un varón, y que por lo tanto, tenga un pene. Las mujeres no tienen penes. Así que el bebé reside en el cuerpo de ella; y no es parte de su cuerpo." Debería ser innecesario explicar que los bebés tienen sus propios cuerpos, los defensores del aborto deben pasar por alto la evidencia para promover su propia agenda.

Esa alteración se hace clara cuando el asesinato de un abortista salta a las primeras planas. Luego de que alguien baleara recientemente al Dr. George Tiller, el abortista de Kansas que practicaba abortos en gestaciones avanzadas, casi todos los medios periodísticos lamentaron la tragedia de su muerte, dejando de mencionar las 60.000 muertes que Tiller mismo coordinó en sus clínicas.

Varios comentaristas en la televisión, sin embargo, notaron la contradicción. Ann Coulter, por ejemplo, mencionó satíricamente, "... Ese loco que disparó contra Tiller ... no quiero pensar en eso como un asesinato. Fué terminar a Tiller su trimestre número 203." Y agregó: "Me opongo personalmente a disparar contra abortistas, pero no quiero imponer mis valores morales a otros."

Coulter no pudo resistir la tentación de exponer la lógica fallida que yace detrás de toda la retórica y los lemas de los abortistas: "Si no crees en el aborto, entonces no abortes," a lo que ella replicó: "Si no crees en disparar contra los abortistas, entonces no dispares contra los abortistas." Nadie ha resumido más claramente la lógica criminal del aborto como la Madre Teresa, cuando declaró en 1979 al dar su discurso aceptando el Premio Nobel de la Paz: "... Si una madre puede matar a su propio hijo—¿Qué queda sino "yo te mato y tú me matas"?—nada nos separa de eso."

El caos moral del aborto comienza con sus defensores fingiendo no saber cuando comienza la vida. George Jonas, en su ensayo inteligentemente titulado "Pensamientos de Quien Fuera un Feto", observó como los defensores del aborto "pretenden no darse cuenta que la vida es un proceso continuo desde la cigota hasta la vejez, una fuerza que se sostiene por sí misma a menos que alguien pase la aspiradora por el útero y la liquide ... se hacen los que no ven, que si un feto no estuviera vivo, no tendría que ser asesinado."

Quizás la explicación más clara de por qué los defensores del aborto están tan dispuestos a desafiar la lógica y la evidencia, la produjo Dale Vree. Vree fue invitado a una "charla en la sala" sobre el aborto en 1989 que incluyó a seis prominentes defensores pro-vida, seis pro-aborto, y uno o dos sin un punto de vista específico sobre el asunto.

Vree esperaba que el debate se centrara en cuando comienza la vida, pero no ocurrió así. Ni siquiera se llegó a los casos más graves -- violación e incesto. cuando una de las feministas radicales arguyeron que el aborto es simplemente el derecho a tomar una decisión, uno de los pro-vida replicó que la decisión se toma cuando se decide tener relaciones sexuales. Entonces uno de los pro-aborto espetó: "Nosotros somos pro-sexo y vosotros sois anti-sexo," lo que según Vree, significa "apoyan el sexo de cualquier manera en muchas formas, mientras que para nosotros los pro-vida se reduce al matrimonio heterosexual." Han dejado bien claro que están comprometidos con la revolución sexual, y que dicha revolución se marchita si no se la riega con abortos; esa es su mayor preocupación."

De hecho esto parece ser el centro de la cuestión, la cuestión central que ha llevado a las feministas radicales, Hollywood, y otros defensores del aborto a sacrificar millones de niños en el útero desde los años setenta. George Jonas lo puso así: "Inventamos eufemismos, como "elección" para decir "asesinato", y dilemas sofísticos, como fingir que no sabemos cuando comienza la vida, para asegurarnos que no haya nada que impida a la mujer encontrar a su Santa Claus. Nada debe interferir con su meta de realizarse—menos aún su saludable apetito sexual."

En el análisis final, esta es probablemente la mayor tragedia de nuestro tiempo, los inusuales y desordenados apetitos sexuales de los hombres y mujeres de nuestro tiempo han consentido en retorcer la lógica moral más rudimentaria hasta el punto de permitir la muerte de tantos niños inocentes.

Traducido por Carlos Caso-Rosendi

28 de julio de 2009

¿Quiénes Aparecen en la Televisión Pública?

Padre Robert Barron

Todos, individuos e instituciones, son inconsistentes de una u otra manera. No siempre esos dos elementos—ideas y conducta—marchan en línea recta. Pero hay veces en que la inconsistencia es tan marcada, tan altisonante, que no queda más remedio que llamarla hipocresía.

Uno de esos casos es la decisión reciente del servicio de televisión pública estadounidense (PBS, Public Broadcasting System) de excluir toda programación religiosa de sus futuros programas. Se aducen las razones de siempre: la religión es divisiva; sería imposible darle el mismo tiempo de acceso a todas las denominaciones; el foro público no debiera ser usado para exponer discursos partidarios sino para la exploración objetiva de los asuntos, etc. etc.

Bueno, hace unos tres meses, navegando por los canales disponibles en mi servicio de cable me encontré con un programa de PBS conducido por el intelectual e historiador británico Jonathan Miller. Miller me cae bastante bien, he disfrutado de algunos programas anteriores sobre la historia de la ciencia y la cultura. Pero este programa era parte de una serie en capítulos sobre el ateísmo. A medida que lo miraba, se me hizo más y más claro que no era una observación objetiva del fenómeno ateo, ni tampoco una presentación balanceada de los méritos de creer o no creer. Más bien, era una presentación entusiasta de la posición atea; me atrevo a llamarla una especie de evangelismo del no-creer. Miller trató una y otra vez, de mostrar que la religión es estúpida, un remanente de épocas primitivas y enemiga del progreso intelectual. Ese episodio concluía con una entrevista a cierta viejecita en su lecho de muerte. Impulsada por el considerado anfitrión, ella aseguraba que no esperaba nada en absoluto después de la muerte.

Más tarde ese mismo día leí algo sobre la decisión de PBS de no mostrar ya ninguna programación religiosa, me encontré una vez más, cambiando los canales, con otra propuesta de PBS. Esta vez era una serie sobre la homosexualidad en los Estados Unidos de América. Otra vez, no se trataba de un estudio imparcial de la atracción por personas del mimso sexo, o una sobria consideración del desarrollo del debate sobre el matrimonio entre homosexuales. Era simple y llanamente una promoción apasionada de la homosexualidad. Me llamó la atención particularmente la presentación de Larry Kramer, un conocido guionista y defensor del homosexualismo, estaba vestido de mujer y llevaba puesta ¡una peluca de casi un metro de largo! Kramer exponía sus argumentos en forma más o menos ordenada, pero su interlocutor lo interrumpió en un momento para observar que si bien hay un solo domingo de orgullo gay por año, hay otros 51 domingos en los que las iglesias atacan a los homosexuales. Dejaré de lado la afirmación de que las iglesias cristianas atacan a los homosexuales todas las semanas del año (de hecho no puedo recordar un solo sermón de esa clase en mis cincuenta años de oir y dar sermones). Sin embargo, observaré que este programa era básicamente un sermón a favor de la homosexualidad.

No se me malentienda: me gusta que vivamos en una sociedad libre en la que todos los puntos de vista pueden ser debatidos. Le doy la bienvenida a todos los que quieran defender puntos de vista con los que no estoy necesariamente de acuerdo. Más precisamente, me parece bien que los ateos y los homosexuales tengan un foro televisivo para presentar su caso. Pero ¡Vamos! no se puede decir por un lado que el evangelismo religioso es peligroso y divisivo, pero que otros tipos de evangelismo están permitidos. No se puede decir que todas las voces pueden y deben ser escuchadas—excepto la voz de la religión.

En su libro Democracia y Tradición, Jeffrey Stout argumenta que la parte saludable del liberalismo es esa serie de prácticas que permiten una conversación pacífica y constructiva en una sociedad marcada por desacuerdos profundos en el significado de las cosas. Aquí, tolerancia, razón y un espíritu abierto se presentan como las grandes virtudes. Fue en ese contexto de ideas en los que Abraham Lincoln pudo interpretar la Guerra de Secesión en términos religiosos, y Martin Luther King pudo argumentar en favor de los derechos civiles en el contexto profético del Antiguo Testamento. A ambos se les permitió hablar en términos religiosos, porque ambos entraron en ese campo con respeto y sin beligerancia. Sin embargo, Stout sostiene que hay una versión destructiva del liberalismo que ve a las creencias religiosas como irracionales y que por lo tanto aboga por la exclusión deliberada de la religión en los foros públicos. Esta forma de liberalismo trata de morderse la cola, precisamente porque sobre la base de esos principios se presenta como totalitaria, intolerante y exclusivista.

Así que Jonathan Miller puede tener diez horas en televisión para anunciar la ventajas del ateísmo, pero no puede haber una sola voz en contrapunto que hable en favor de la religión. Que cada uno decida cuál tipo de liberalismo es el que impera en PBS.

Publicado originalmente en Word on Fire (Julio 8, 2009).

Traducido por Carlos Caso-Rosendi.

Copyright © 2009 P. Robert Barron

21 de julio de 2009

San Pablo y el Matrimonio Cristiano

P. Horacio Bojorge, S.J.

El Surgimiento de la cultura esponsal cristiana en las cartas de San Pablo

Éfeso: El Misterio grande, el matrimonio sanado bajo el signo de Cristo

Y ahora veamos el matrimonio bajo el signo de Cristo, veamos cómo se curará el varón de su lujuria y la mujer de su afán de dominar. El varón tiene que morir a su lujuria y la mujer tiene que ser capaz de obedecer, cuando Dios le da un esposo digno de ser obedecido. Y yo diría que es más fácil para el varón morir a su lujuria que para la mujer obedecer. (Risas.)

Ahora vamos a hablar un poquito acerca de Éfeso. Era una ciudad portuaria, distinta de Corinto; no tan lujosa, un poco más culta. Pablo pudo estar ahí dos años seguidos predicando en una escuela todos los días; le prestaba Tirano su escuela por las mañanas. Se formó allí una comunidad muy fervorosa. En ese lugar alcanzaron los cristianos un grado místico, de gran unión con Dios y de conocimiento real del Señor. A los corintios Pablo les decía: “Sean imitadores míos como yo lo soy de Cristo”. A los efesios les dice: “Imiten a Dios”, porque ya lo conocen. Son cristianos místicos, son cristianos que ya tienen un conocimiento de Dios directo, que no necesitan mirarlo a través de Pablo.

A estos cristianos y no a los de Corinto (porque no las entenderían) San Pablo les va a decir lo que leemos en su Carta a los Efesios. Por eso, cuando estos textos se les leen o los escuchan cristianos que no están en el grado de vida espiritual cristiana que tenían los efesios, sino que están o bien bajo el signo de la lujuria o bien no purificados de sus afanes de dominación, y que por eso no comprenden bien los misterios cristianos para dejarse iluminar por ellos en su vida cotidiana, sucede que estos oyentes se escandalizan, porque no alcanzan a entender o entienden mal, tienen un prejuicio, pasan la Palabra de Dios por el filtro de sus entendederas y no les entra.

Los efesios eran, entonces, cristianos místicos y a ellos les dice Pablo en el capítulo 5 de la Carta a los Efesios: “Sed, pues, imitadores de Dios, como hijos queridos.”

Ya son hijos. Ya están en el grado de la mística filial, hijos queridos del Padre Celestial. Por lo tanto, esposo y esposa se saben cada uno hijo de Dios y se consideran hermanos entre sí y el hecho de ser hermanos está casi por encima de lo esponsal. O mejor dicho, lo esponsal se vive en un clima de amistad fraterna, ambos de cara al Padre.

Una de las acusaciones que se les hacía a los primeros cristianos en los tiempos de las persecuciones era que eran antropófagos, porque habían oído de la Eucaristía. Decían: “Son antropófagos. Hay que terminar con ellos. Comen carne humana, beben sangre. ¡Es una cosa horrible!” Y agregaban: “Y además se casan entre hermanos”. Porque habían oído también que los esposos cristianos se consideraban hermano y hermana, se decían incluso así. Ellos en su conciencia cristiana, en su conciencia filial, como hijos muy queridos, tenían muy presente la relación del otro con su Padre Celestial. No alcanzaba a eclipsarse esa relación por la relación esponsal. A veces es: “Tiene una relación esponsal y además tiene una relación con Dios”. Pero acá era: “Tiene una relación con Dios y además es una relación esponsal”. La otra es la principal. Es una óptica distinta. La otra es una óptica muy natural, diría; pero no es la mística cristiana. En la condición filial es la situación óptima donde el varón vence su lujuria y la esposa es capaz de fiarse en el juicio recto del esposo. Porque un varón que ha dominado sus pasiones inspira confianza a la esposa, pero un esposo que es gobernado por sus pasiones no puede inspirar confianza a la esposa. ¿Cómo va a inspirar confianza si él mismo no se sabe gobernar? ¿Cómo va a gobernar a la familia? ¿Cómo le voy a obedecer si él obedece a su pasión? Es necesario, por lo tanto, que el varón domine sus pasiones.

Santo Tomás de Aquino, refiriéndose al pecado más opuesto a la prudencia y a la causa principal de las faltas a la prudencia, dice que es la lujuria, porque produce todos los vicios que son opuestos a la prudencia. La prudencia pide que uno considere todas las cosas y no precipite el juicio; en cambio, la lujuria hace a uno inconsiderado y precipitado en el juicio. La prudencia pide que uno pida consejo y escuche el consejo de los más sabios; la lujuria hace que uno no escuche a nadie. Y así vemos que los jóvenes, en el momento de tomar una de las decisiones que exige más prudencia, como es la de ponerse de novios y casarse, obran imprudentemente porque se dejan llevar no por la prudencia sino por su lujuria. ¡Es lo más opuesto a la prudencia que puede haber! No escuchan a los padres, son precipitados en el juicio y no consideran nada. Eligen con el corazón y no con la cabeza. ¡Son imprudentes!

Tomado de Toma y Lee, el blog del P. Horacio Bojorge. El padre jesuita Horacio Bojorge, Lic. en Filosofía, Teología y Sagrada Escritura. Ejerce ministerios sacerdotales. Profesor Emérito de Sagrada Escritura. Emérito de Cultura y Lenguas Bíblicas en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República (Montevideo). Autor de un método para el aprendizaje rápido del hebreo bíblico. Autor de libros de espiritualidad, teología, pastoral y Sagradas Escrituras.

19 de julio de 2009

Caridad, Verdad y Libertad

Robert Royal

Caridad es una palabra frecuentemente usada en la Tradición Católica. Después de 2.000 años, uno pensaría que ya se ha dicho virtualmente todo lo que se podía decir sobre la caridad. Pero eso sería emitir un juicio meramente humano y estimar en menos al Espíritu Santo y al Papa Ratzinger.

En las encíclicas del último siglo, no creo que se haya considerado en forma más sintética y al mismo tiempo, más extensivamente, el tratamiento del amor cristiano tanto como se ha hecho en Caritas in Veritate. Tal como ya hemos aprendido a esperar de este Papa, ciertas brillantes genialidades parecen surgir en su análisis sin esfuerzo aparente:
. "Sin verdad, la caridad degenera en sentimentalismo."

. "La verdad es , de hecho, logos lo que genera el diá-logos, y consecuentemente comunicación y comunión."

. "Ser fiel al hombre requiere ser fiel a la verdad, que es la única garantía de la libertad (cf. Juan 8, 32) y de la posibilidad de un desarrollo humano integral."

. "Sólo en la caridad, a la luz de la razón y de la fe, es posible perseguir ideales que posean un valor humanista y humanizante."
Estas pocas oraciones iluminan tanto el panorama que Benedicto quiere explorar, que llegan a encapsular en ellas mismas, la encíclica entera. No se necesita ser un crítico literario, de todas maneras, para notar un cambio de voz a medida que la encíclica pasa del tema de la caridad a otros intereses más estrictamente sociales. De hecho, queda claro que hay varias voces en esa parte del texto, a veces entrecruzándose, otras veces casi imposibles de distinguir. Algo raro en un escrito que viene de un hombre dotado de un poderoso intelecto con una enorme capacidad de sintetización (inusual aún para el típico lenguaje arcano de las encíclicas). Los observadores y vaticanistas ya han comenzado a tratar detectar los pasajes que pueden ser asignados a un consultor o a otro. Es un pasatiempo importante, porque cualquier cosa que parezca ser la voz del sucesor de Pedro, merece seria consideración.

Traducción por Carlos Caso-Rosendi
Notas

Robert Royal es el Editor Jefe de The Catholic Thing, y Presidente del Faith & Reason Institute en Washington, D.C. Entre sus obras están: The Catholic Martyrs of the Twentieth Century: A Comprehensive Global History, Dante Alighieri: Divine Comedy, Divine Spirituality, The Pope's Army: 500 Years of the Papal Swiss Guard, 1492 and All That: Political Manipulations of History, The Virgin and the Dynamo: The Use and Abuse of Religion in Environmental Debates, y más recientemente, The God That Did Not Fail: How Religion Built and Sustains the West. Robert Royal es también Miembro de la Junta de Consejeros del Catholic Education Resource Center.

17 de julio de 2009

El Desarrollo Integral Requiere Amor

Joseph Wood
"De todas las tiranías, una tiranía ejercida con la intención de hacer el bien a sus víctimas podría resultar la más opresiva. Quizás fuera mejor vivir bajo el control de príncipes ladrones que bajo el poder de un grupo ominpotente de comedidos moralizantes. La crueldad del príncipe ladrón puede dormitar a ratos, su codicia puede ser saciada momentáneamente; pero aquellos que nos atormentan por nuestro propio bien, nos atormentan sin descanso, ya que lo hacen con la aprobación de sus conciencias." - C.S. Lewis

Una vez que pasamos de la bellísima introducción, la última encíclica del Papa Benedicto XVI puede resultar difícil de leer. Teólogos y filósofos capacitados, como así también expertos en comercio, economía y administración pública, pueden hallar puntos que le resultan poco claros a quienes no saben razonar ordenadamente. La encíclica es certera en su tratamiento de varios asuntos de práctica política, desde la crisis financiera a la bioética. Al tocar estos puntos es exitosa de varias maneras, pero triunfa en forma espléndida cuando reitera los temas críticamente importantes de este pontificado.

Comencemos con el título, Caritas in Veritate. La primera palabra nos recuerda la primera encíclica de este Papa, Deus Caritas Est. El amor es "la fuerza que tiene su origen en Dios." Se enfocan ahora el amor y la verdad. Y lo que el amor declara a la hora de ordenar nuestros esfuerzos para lograr un desarrollo humano verdadero, que haga florecer plenamente todo el potencial que tenemos por ser hechos a la imagen de Dios. El Papa alude a la secuencia "veritas in caritate" o sea "verdad en amor" en la Carta de San Pablo a los Efesios. Luego invierte la secuencia para hallar el título de su encíclica y nos recuerda que "la caridad a su tiempo, necesita ser entendida, confirmada y practicada a la luz de la verdad." El bien común es algo que está abierto al amor de Dios, dentro de la verdad y eso ayuda al desarrollo integral de todos. Lo que sea que se presente sin amor, destruye ese desarrollo. Este es el mensaje central de la encíclica.

Una y otra vez, el Papa nos habla de la necesidad de un desarrollo verdadero e integral de la persona humana. En una época de personalidades totalmente desintegradas, que son incapaces de integrarse en amor—tal como vemos en todos los niveles de la sociedad y frecuentemente exaltan los medios de comunicación—este mensaje de integridad es tremendamente importante.

El Papa Benedicto vuelve al asalto contra el relativismo y su promoción del diálogo cultural (en lugar del tradicional diálogo entre religiones). Rechaza el "eclecticismo cultural que se asume sin crítica [y en el que] las culturas simplemente son alineadas y vistas como substancialmente equivalentes e intercambiables. Esto lleva a un relativismo cultural que no sirve de verdadero diálogo intercultural." El Papa rechaza en forma similar el peligro opuesto de la "demolición cultural y la aceptación de cualesquier tipos de conducta y modos de vida." Ambas falencias "tienen en común ... la separación de la cultura y la naturaleza humana."

El Papa está pensando en término de décadas y centurias de desarrollo humano.

En casi todos los temas sociales que se abordan en esta encíclica, hay una especie de balanceo "por un lado tenemos esto, por el otro lado aquello" que sugiere que cualquier tendencia o esfuerzo humano puede ser bueno o malo. La globalización no es inherentemente buena ni mala; lo mismo aplica a la tecnología o la economía de consumo. ¿Cuál es la posición del Papa en estos asuntos? Lo que es común a todas estas posiciones es que todas pueden desarrollarse integralmente, beneficiándose del amor de Dios dentro de la verdad. Lo que sea que prescinda de ese amor, impedirá en sí misma su esa clase desarrollo. He ahí el mensaje central.

Desde el punto de vista del Papa, el camino justo e integral a seguir es siempre la senda de amor en verdad, la senda que lleva a Dios. El Papa censura "esa clase de mesianismo que promete pero solamente crea ilusiones ... y que siempre construyen su argumento en la negación de la dimensión trascendente del desarrollo, convencidos que pueden disponer de ella a gusto y placer."

Finalmente, el Papa ilumina nuevamente la dupla crucial: fe y razón. Esa aproximación balanceada de "por un lado tenemos esto, por el otro lado aquello," lo implica por medio de hacer notar que la razón sin fe, lleva a medios de desarrollo estériles o contraproducentes. El Papa pone el énfasis explícito en que "la razón siempre necesita ser purificada por la fe," mientras que "la religión siempre necesita ser purificada por la razón". Hay algunas curiosidades en el texto. Yo nunca hubiera asociado la microfinanciación con los montepíos, por ejemplo. Pero cualesquiera sean sus faltas, Caritas in Veritate vuelve a tocar los grandes temas de Benedicto XVI y por lo tanto es un don al que todos debemos dar buen uso.

Traducido por Carlos Caso-Rosendi

Notas
Joseph Wood fue funcionario de la Casa Blanca en el área de política exterior, incluyendo la Santa Sede. Es un Coronel (retirado) de la Fuerza Aérea americana, en su carrera militar fue comandante de operaciones y grupos de combate en Corea y Europa; enseñó en la Academia de la Fuerza Aérea para su Facultad de Ciencias Políticas; sirve en el Pentágono como discursante y escritor en cuestiones político-militares para las oficinas del Comandante y Vice Comandante de Personal de la Fuerza Aérea.

13 de julio de 2009

No Hay Caridad Sin Verdad

P. James V. Schall, S. J.

Después de leer Caritas in Veritate, quedé pensando que el público católico y el público en general no tienen ni idea de lo brillante que es este Papa. Claro que por supuesto dije lo mismo después de leer sus anteriores encíclicas Spe Salvi, Deus Caritas Est, su libro Jesús de Nazareth y un montón de sus otros escritos. Debe resultarle divertido a Dios, que el hombre más inteligente de nuestro tiempo sea el Papa.

Aunque siempre lo he admirado, siempre consideré Populorum Progressio (de Pablo VI) como una de las encíclicas sociales más ideológicas. Caritas in Veritate, que conmemora los cuarenta años de esa encíclica de Paulo VI, debo admitirlo, considera Populorum Progressio como una de las mejores. Poniendo a un costado algunas faltas—como no haber hablado de la tendencia a la corrupción que afecta a los sindicatos, o el potencial totalitario de los movimientos ambientalistas y ecológicos—esta es una gran encíclica. Aunque algunos problemas saltan a la vista, la encíclica es tremendamente positiva en lo que toca al comercio, su potencial y la variedad de sus aperturas y consideraciones éticas.

Pero el corazón de esta encíclica concierne a otras cosas. Nos reintroduce concisamente a lo que la persona humana es en referencia a Dios, la tierra, las otras personas, la familia, nuestro destino y significado, en este mundo y en la eternidad.

Propone una institución internacional mejor que las Naciones Unidas. En eso se remonta a Robert Maynard Hutchins y a Jacques Maritain, las convenciones de La Haya, la Liga de las Naciones y hasta el Santo Imperirio Romano de Occidente. El Papa define la necesidad de que haya una autoridad a nivel mundial, pero con suficientes restricciones para que no termine siendo un gobierno mundial o una tiranía. Los fundadores de los Estados Unidos estaban quizás más preocupados por los peligros de la tiranía, así como lo estaba San Agustín. Hemos visto cuán fácilmente estas instituciones internacionales pueden volverse instrumentos ideológicos y ese problema merece especial atención. Especialmente si esta autoridad internacional está armada y es capaz de imponerse por la fuerza.

Benedicto XVI es elocuente en su crítica de la modernidad, pero también destaca sus potenciales. En Spe Salvi, la que considero un documento superior, le da un lugar al hombre en este mundo sin convertirlo en un prisionero del mundo. Me gustó el recordatorio inicial que todo los que tiene que ver con el hombre está relacionado con el "dar". Como lo indicó antes en Deus Caritas Est toda institución política y económica necesita ser al mismo tiempo justa y abierta a la posibilidad de mejorar su capacidad de ser justa.

El entendimiento trinitario y relacional del ser, según se expone en esta encíclica, muestra la relación entre nuestros pensamientos y nuestros actos. Pensar correctamente es una precondición a actuar correctamente. Claro está que Sto. Tomás de Aquino dijo esto hace ya mucho tiempo, pero me parece perfecto volver a leerlo aquí. Este Papa es una persona que se orienta hacia Dios. El sabe que detrás de cada una de nuestras aberraciones y fallas, subyace nuestro concepto de Dios, lo que pensamos de Dios.

La genialidad de este documento se hace evidente desde el título. No existe "caridad" sin "verdad". Toda verdad nos lleva a dar amor a nuestro ser y al mundo, pero esto debe ser hecho en el orden correcto. "Un cristianismo de caridad sin verdad se puede confundir fácilmente con una reserva de buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero marginales." (No. 4). Alguien tenía que decirlo.

Traducción de Carlos Caso-Rosendi

9 de julio de 2009

Comunión y Comunidad

Michael Novak

Justo antes de que comenzara el Concilio Vaticano II, Joseph Ratzinger (ahora Benedicto XVI) junto con otros fundó una escuela de pensamiento llamada "Teología de la Comunión". La vida interior de Dios nos ha sido revelada como una Trinidad, una comunión de personas. Así debiera ser la vida interior de cada persona creada a la imagen de Dios.

De manera que, las cuatro ideas principales en la nueva encíclica Caritas in Veritate son: comunión, don y verdad. Sin duda esta es la más teológica, la más específicamente católica de todas las encíclicas desde 1891. Su intención es mostrar el contexto divino de la política económica y el dramatismo de las lenguas de fuego que de ella se elevan: su inspiración y su aspiración.

Como lo indicó Abraham Lincoln, la esclavitud en los Estados Unidos no podía ser superada por el temor que subyace a la tendencia humana hacia la propia preservación, tal como lo apuntara John Locke, sino que debía estar unido a una concepción mayor y más generosa de la realidad del otro. El progreso y el desarrollo humanos siempre dependen de un impulso que tiende a alcanzar lo superior.

Benedicto XVI ve a la política económica de hoy atrapada en un resurgimiento mundial, cuyas posibilidades debemos interpretar con precisión. Los pueblos del mundo están siendo aunados por un empuje creciente, sin entenderse bien unos a otros, apretados unos contra otros. Se los llama a ser uno. Cada vez con más frecuencia, se enseñan mutuamente ideas sobre los derechos humanos, la protesta, la libre asociación, la libertad de palabra, la justicia y la equidad.

El mundo, dicho brevemente, gime en su ansiedad por una comunión interior. Y uno de los secretos más importantes de la comunión humana surge de las realidades que llamamos persona y comunión en la naturaleza del Creador que nos ha hecho libres en gracia. Las personas, aún en comunión, subsisten como personas únicas.

En la particular visión católica del cosmos, todo comienza en la vida interior, personal, comunal de la Divinidad. Esto se resume en nuestra propia experiencia personal, que las dos experiencias más parecidas a la experiencia divina en nuestras vidas, tienen que ver con el amor que es la perfecta y mutua comunión de unos con otros y la dulce satisfacción que proviene de la templanza y responsabilidad personal en momentos de gran tensión ("Confirma tu alma en la templanza, tu libertad en la Ley.")

Desde este punto, la visión católica concluye que "todo lo que contemplamos es gracia". La creación entera fluye como resultado de la sobreabundancia de la gracia. Un panadero que se muda a un vecindario para hacer pan y pasteles cada mañana, es un regalo para nuestras vidas. Aquellos que viven para brindarnos sus dones son ellos mismos un don, especialmente si al hacerlo son amables y considerados.

El Papa nos pide que miremos la vida económica a la luz del acto de entrega, aun cuando ese acto se realiza dentro de las convenciones del intercambio y el precio. Es la generosidad humana que toca este acto—la dimensión humana del comercio—lo que no debiéramos perder de vista si queremos que el mundo se conserve (o llegue a ser) más humano.

Traducido del original en inglés por Carlos Caso-Rosendi

8 de julio de 2009

El pecado en la Iglesia

Daniel Iglesias Grèzes

La existencia del pecado en la Iglesia no contradice la doctrina católica sino que la confirma. Los cristianos creemos que Jesús murió en la cruz "por nuestra causa", "por nuestros pecados"; también creemos que la Iglesia es a la vez santa y necesitada de purificación. Para comprender esto, es necesario realizar las siguientes distinciones:
· Sólo Dios uno y trino es absolutamente santo. El Espíritu Santo, alma de la Iglesia, santifica a los cristianos. Sin embargo, sólo Dios es santo en un sentido primero y original. Los cristianos son santos en un sentido segundo y derivado.

· La Iglesia celestial ya no está necesitada de purificación. En el Cielo los cristianos participan de la gloria y de la santidad del mismo Dios. Conocen y aman como Dios conoce y ama.

· En la Iglesia terrestre hay "santos" (cristianos en estado de gracia) y "pecadores" (cristianos en estado de pecado mortal). En este sentido de la palabra "pecador" -que es su sentido más propio- sólo algunos cristianos son pecadores. Distinguir con certeza plena quiénes son en la Iglesia los santos y quiénes los pecadores supera la capacidad del hombre. Esto es una prerrogativa del juicio de Dios.

· En la vida de cada cristiano hay gracia y pecado, actos buenos y malos. Debemos reconocer con humildad nuestras culpas, arrepentirnos sinceramente de ellas y confiar en la misericordia de Dios, que hace sobreabundar la gracia allí donde abundó el pecado.


De hecho los hijos de la Iglesia han pecado a lo largo de la historia. No se debe minimizar estas culpas; pero sólo Dios puede juzgarlas absolutamente. La Iglesia católica reconoce las culpas de sus hijos y pide perdón a Dios y a los hombres por ello. Al parecer, muchas de las otras iglesias y religiones, las naciones, las ideologías, etc. no han hecho otro tanto, aunque también deberían hacerlo.

Sin embargo, en honor a la verdad histórica, se debe rechazar las "leyendas negras" anticatólicas. Éstas pueden ser clasificadas en dos grandes grupos:

· Exageraciones a partir de abusos reales: muchos críticos anticatólicos exageran enormemente los abusos cometidos en la Inquisición, las Cruzadas, la conquista de América por parte de España, etc. También suelen hacer generalizaciones indebidas a partir de errores puntuales, como el del caso Galileo.

· Falsedades: el supuesto antisemitismo del Papa Pío XII, la presunta responsabilidad de la moral sexual católica en la propagación del hambre y el SIDA, la presunta responsabilidad de la Iglesia en los abusos contra los derechos humanos de las dictaduras militares latinoamericanas de los años setenta, la supuesta alianza histórica de la Iglesia con los poderosos en la lucha de clases, etc.

Jimmy Swaggart--Pecador Arrepentido
Por otra parte, no se debe sobrevalorar los pecados cometidos por miembros individuales de la Iglesia (por ejemplo, los casos de clérigos culpables de violaciones). Juzgar a la Iglesia por los actos malos cometidos por algunos de sus miembros es una generalización indebida.

Los pecados de los hijos de la Iglesia no proceden de la fe cristiana sino de su negación práctica. Son contrarios al Evangelio, a la verdad revelada por Dios en Cristo. Hay quienes van a Misa todos los domingos y son malos católicos. Pero es crucial comprender que no son malos católicos porque van a Misa, sino a pesar de que van a Misa. No ocurre otro tanto con las ideologías (liberalismo individualista, colectivismo marxista, etc.). Los crímenes de estas ideologías no son meros accidentes históricos, sino que dimanan de su misma esencia. Se derivan necesariamente de ellas del mismo modo que una conclusión se deriva de unas determinadas premisas.

En la historia de la Iglesia Católica abunda el pecado, pero sobreabunda la gracia. La Iglesia ha permanecido fiel a Jesucristo y ha dado en todo tiempo un testimonio creíble de Él. Por la gracia de Dios, la Iglesia ha sido en todas las épocas -incluso las más turbulentas- la Esposa inmaculada del Cordero. Es nuestra tarea y nuestra responsabilidad histórica hacer que en su rostro resplandezca cada vez más claramente la belleza de Cristo resucitado, Luz de las gentes.

Daniel Iglesias Grézes, publica regularmente—junto con otros talentosos escritores—en Fe y Razón una revista católica uruguaya de excelente contenido. Ha publicado recientemente Razones para nuestra esperanza. Escritos de apologética católica, Publ. Montevideo 2008, 2ª edición. Reproducimos aquí el capítulo 19; desde www.lulu.com/content/2115187 se puede descargar gratuitamente el libro entero o se puede comprar la versión impresa del mismo.

5 de julio de 2009

Calidad, por Caridad

Osvaldo Vázquez PierceOsvaldo Vazquez Pierce
Las empresas de comunicación católica, grupales o individuales, necesitan levantar la puntería y comenzar a elevar la calidad del contenido católico que se presenta en el Internet.

En mi profesión, encuentro frecuentemente a nuevos clientes que llegan a mí luego de sufrir pérdidas y molestias innecesarias debidas al trabajo de algún chapucero. En muchos de esos casos, resulta más fácil comenzar de nuevo desde cero, que tratar de arreglar los desastres hechos por otros. Con el tiempo he adoptado una regla general que aplico tan inflexiblemente como puedo: "No se arreglan chapuzas".

Hace ya unos meses, un amigo me pidió ayuda para catalogar información católica que pronto sería presentada en su próximo libro. Eso me llevó a rebuscar la web en diversos sitios católicos en español. Aunque soy católico practicante, nunca tuve mucho interés en obtener información religiosa por el internet. He heredado una vasta biblioteca donde no faltan los clásicos católicos y a mis años—que no son pocos—todavía me quedan por leer varios volúmenes de buen contenido católico. Es por eso que soy nuevo en esto del Internet Católico.

Mi primera impresión fue más bien mala. Existen buenísimos sitios católicos en español, destaco a conoZe.com o el sitio de la Santa Sede como ejemplos entre varios que presentan contenido en forma ordenada, con un formato pulido. A pesar de estas honrosas excepciones, la gran mayoria da la impresión de ser amateur, cuando menos en la presentación.

En general se puede decir que la red católica en español, es un buen ejemplo de como NO HACER las cosas. Pero no escribo esto para criticar. No critico pues tomaría demasiado tiempo describir los horrores que hay por ahí y que van desde el amontonamiento pantagruélico de información sin ton ni son, los errores de formato que tornan un sitio ilegible, las ilustraciones horrorosas y desconectadas, la deshonestidad de algunos que se apropian de lo ajeno sin dar crédito para "engordar" vanidosamente su propio sitio, o los aficionados a la programación que presentan sitios calamitosamente lentos, que requieren diez minutos para cargar un índice.

Ni hablemos de los errores (y horrores) doctrinales que se presentan —que no son pocos—o de las insinuaciones que rayan en la herejía como esta perla que encontré por ahí: "El celibato, que es fascinación por la belleza"

La frase es una cita parcial de Benedicto XVI, quien realmente dijo "El santo es aquel que está tan fascinado por la belleza de Dios [...] Sobre el misterio eucarístico, celebrado y adorado, se funda el celibato que los presbíteros han recibido como don precioso y signo del amor indiviso hacia Dios y hacia el prójimo." [1]

En cierto sitio, se presenta la frase de Benedicto XVI cercenada, junto a una foto homosexualmente sugestiva y el sentido de "belleza" se desvía. Una vez cortada, la frase ya no es parte de una reflexión sobre el papel del celibato en la vida religiosa y en la relación con Dios. El corte y la foto que acompaña a la frase cortada, la hacen suficientemente ambigua como para servir de motto avante de la homosexualidad: un guiño para los "entendidos" que el católico común y bien intencionado, normalmente no percibe. [2]

En un sitio católico eso es deplorable y vergonzoso. Para usar el mexicano que hablamos en Los Angeles: "chafa".

¿Qué nos hace falta?

Este particular momento de la historia de la fe, está pidiendo (a gritos, diría yo) calidad y buena gerencia en la comunicación de ideas católicas en todos los medios, incluído este "salvaje oeste" que es hoy el Internet.

Aquí me atrevo a hacer una lista de sugerencias, seguramente incompleta pero útil, de las cosas que nos hacen falta:

a. Integridad católica en la doctrina y la presentación. Las ambigüedades no son buenas. De hecho, son típicas de los grupos con "agenda oculta" que desean atraer el tráfico católico en la red para llevar agua para su molino. Hay que cuidarse de expresar las ideas con claridad. No estamos presentando "opiniones" sino la certeza eterna del Evangelio, Palabra de Dios a los hombres.

b. Capacidad de comunicar con gracia y precisión. Necesitamos conocer las técnicas del medio en que nos presentamos.

Presentación: requiere ayuda profesional en la mayoría de los casos. Un poco de software y una tarde de domingo estudiando HTML a las apuradas no son suficientes para presentar la fe en la web.

Alcance: la redacción, la ilustración y la organización informática de cada sitio deben ser puestas al servicio de la claridad en la comunicación del Evangelio. En estos días, en que hay quienes se toman en solfa hasta la Santa Misa, los mejores sitios católicos en el internet TIENEN LA OBLIGACION de transmitir la solemnidad de la fe. Hay una marcada diferencia entre la alegría de la salvación y el chiste. La salvación por Cristo es una buena nueva que nos trae alegría, pero es a la vez un asunto serio que debe ser considerado como algo sagrado y vital.

Efecto: de lo anterior se deduce que hay que inspirar con habilidad, como Pablo en el Areópago, hay que buscar la forma de enseñar sin pontificar. Deplorar las cosas malas del mundo una y otra vez, es contraproducente. Las conversiones son obra del Espíritu Santo, Dios morando en la Iglesia como la más positiva de las influencias en el mundo. Deplorar es necesario a veces, pero no siempre. La Iglesia tiene muchas preciosas virtudes y multitudes de fieles que hacen el bien y brillan por sus sanas y buenas actividades. Como dice el viejo proverbio de mi abuela "Van más moscas al aceite que al vinagre". ¡A iluminar ese blog alentando a las almas!

Se podría escribir un manual bien grueso sobre éstas cosas, pero éste no es el lugar para algo tan completo y detallado. Quizás es hora que la curia vaticana nombre una comisión que dicte parámetros para la presentación católica en el Internet y otros medios de comunicación masiva. Parafraseando algo que escuché decir a Juan Pablo II: "Si no salió en los medios, es como si no hubiera ocurrido", se me ocurre que se podría decir también que "una mala presentación en los medios es PEOR que si no hubiera ocurrido."

A mejorar las presentaciones entonces, sin temor a la excelencia: somos el marketing del Reino de Dios.

Traducido por Carlos Caso-Rosendi

Hércules
Nota
Osvaldo Vazquez Pierce es un profesional católico, graduado en Leyes, practica Derecho Comercial. Vive con su esposa, sus seis hijos y su perro Hércules en Santa Cruz, California, EUA.
Referencias

[1] Homilía del 23 de Octubre de 2005

[2] Tomado de CONOCEREISDEVERDAD.ORG tal como se ve en Julio 4, 2009 en este enlace.

4 de julio de 2009

En la Tempestad el Señor Nos Protege

P. Ricardo B. Mazza
“Un cambio en el timón de la política que no esté acompañado de una verdadera conversión del corazón de todos, resultará un mero maquillaje que traerá tempestades más crueles, ya que “se recoge lo que se siembra”.
1.-El infortunio de Job y la Providencia de Dios.

El libro de Job evoca al hombre que padece adversidades a pesar de su buena conducta y fidelidad a Dios.

Job pierde a sus hijos y fortuna, y él mismo es herido por la enfermedad.

Tres de sus amigos van a consolarlo, y es en ese encuentro cuando surge de Job el clamor del hombre que se ve enfrentado por el enigma del sufrimiento y el silencio de Dios. De ahí su constante apelación a un pleito con Él para probar su inocencia.

Hasta su mujer, cansada de advertir su fidelidad a Dios, le dice: “maldice a Dios y muere de una vez” (Job. 2,9).

Pero Job se mantiene unido a Dios a pesar de las pruebas, ya que “El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó” (Job. 1,21), y aunque no entiende lo que le sucede, conserva una conducta enclavada en la fe a su Creador.

Y Dios le enseña que el hombre no puede pedirle cuentas por su obrar, dada su pequeñez ante su omnipotencia, a que no estuvo presente cuando hizo todas las cosas, y porque ha demostrado a lo largo de la historia humana cuánto ama a su criatura predilecta.

De allí que proclame que el mal está acotado en los límites que Él le ha impuesto. Y lo hace a través de la figura del mar—ámbito de las fuerzas del mal—ceñido para que no avance sobre tierra firme.


2.-La tempestad calmada por el Señor y la vacilación de los apóstoles


En el Nuevo Testamento Dios se humaniza aún más, ya que no habla desde la tormenta, sino en Jesucristo que domina el mar y todos los elementos.

Y así, el Dios victorioso sobre las fuerzas del maligno, se revela de un modo nuevo en el Evangelio que proclamamos.

Ha terminado un día en el que el Señor realizó muchas curaciones, expulsó demonios, escuchó el dolor de muchos corazones quebrantados. Sube a la barca, descansa en el cabezal de la popa, y se queda dormido.

Mientras tanto la tempestad furiosa azota la barca, hasta tal punto que las aguas la invaden con el peligro subsiguiente de que ésta naufrague.

Los apóstoles están aterrorizados, no sólo por la tormenta en medio del mar, sino también por las fuerzas malignas que lo habitan—según el pensamiento de la época—además de la posible existencia de seres monstruosos, en fin, todo un mundo tenebroso.

Y se acercan a Cristo dormido, presurosos porque están a punto de ahogarse, de perecer.

Por un lado, con sus palabras están reconociendo el poder de Jesús para cambiar la situación, por el otro, ante el actuar del Maestro, exclaman “¿Quién es éste que hasta el mar y el viento le obedecen?”

Sucede así también con frecuencia en nuestro mundo cuando el contradictorio corazón humano reconoce la potestad divina, pero también la niega. Somos así de cambiantes los seres humanos.

A pesar de ello Jesús siempre nos deja signos de salvación como en esta situación en que se manifiesta como Dios. No invoca al Padre para que intervenga, sino que Él mismo impera sobre el viento y el fragor de la tormenta diciendo: “Cállate”, calmando las aguas procelosas.

Está diciendo: “Soy Dios, estoy por encima de todo acontecimiento. Tengo dominio absoluto sobre las fuerzas de la naturaleza, creaturas mías al fin y al cabo. Solamente no detento esa autoridad—porque así lo quiero—sobre la libertad humana, ya que al hombre quiero atraerlo con los lazos del amor para que actúe libremente hacia el bien”.

El Señor, llega, en efecto, hasta la puerta de la libertad humana, porque a nadie le impone su presencia, y espera que vayamos a su encuentro.

De allí la importancia de lo que decía San Pablo en la segunda lectura de esta liturgia dominical, de que si hemos muerto con Cristo, renacidos en Él y por Él, somos nuevas creaturas con un estilo de vida diferente.

Por eso les dice a los apóstoles “¿Por qué tienen miedo?”, como preguntándoles, ¿por qué hacen tanto alboroto, esa gritería, esa angustia desconfiada por el actuar de la Providencia divina?

Enseguida señala cuál es la causa de todo esto: “¿Cómo que no tienen fe?”

Precisa de esa manera la condición humana por la que profesamos la fe en Cristo hecho hombre cuando las aguas están calmas, pero ante la tempestad se da curso a la desesperación.

Esto sucede porque el ser humano no ha puesto su seguridad en Dios, por más que proclame la fe en Él, sino que busca afirmarse en sí mismo, y descubre lo que en realidad es en los momentos de la tempestad.

3.-En la tempestad de Argentina, Cristo está presente.

¿Quién no tiene problemas y dificultades en la vida cotidiana?

Estamos a unos días de las elecciones y estamos sumidos en medio de una tempestad en la que la barca de la Patria hace agua con prisa y sin pausa.

Tenemos que soportar males y deshonestidades de todo tipo.

Y también en esta situación angustiosa al ver que zozobramos, el Señor nos dice: "¿Cómo es que no tienen fe? ¿Por qué tienen miedo?"

Es cierto que en las vicisitudes que tenemos que afrontar no depende todo de Jesús, ya que en las crisis no solamente la gracia y ayuda de Dios se necesita, sino que es obligatoria la respuesta del hombre.

Hemos de confiar en el Señor y saber que Él desde el cielo observa las peleas de los políticos, los insultos, las artimañas para ganar una elección, y se ríe a mandíbula batiente exclamando:”Soy yo el Señor de la historia”, y nos recuerda lo que enseña el salmo para que lo repitamos confiadamente: “¡Levántate Señor! ¡Sálvame, Dios mío! Tú golpeas en la mejilla a mis enemigos y rompes los dientes de los malvados. ¡En Ti, Señor, está la salvación, y tu bendición sobre el pueblo!” (Salmo 3,8 y 9).

En medio de las dificultades y de males de todo tipo, cuando parece que todo se hunde y que no queda otra que repetir lo de la mujer de Job “maldice a Dios y muere de una vez”, debe surgir la serenidad y poner nuestra seguridad en el Señor sabiendo que cambiará la historia pero no por arte de magia sino en la medida en que seamos instrumentos de ese cambio en nuestra Patria.

Si la Argentina no muda de aires, si no se convierte a Dios, si no pone su existencia bajo una luz diferente donde abunde la nobleza, la honestidad, la verdad, la justicia en todos los campos, será imposible avanzar y construir una sociedad totalmente distinta.

Debemos ir al encuentro del Señor, escuchar qué nos dice, y seguramente nos impulsará a buscar siempre el bien.

Un cambio en el timón de la política que no esté acompañado de una verdadera conversión del corazón de todos, resultará un mero maquillaje que traerá tempestades más crueles, ya que “se recoge lo que se siembra; el que siembra para satisfacer su carne, de la carne recogerá sólo la corrupción; y el que siembra según el espíritu, del espíritu recogerá la vida eterna” (Gálatas 6, 7 y 8).

4.- La tempestad en la Iglesia, y la seguridad en Cristo.

Esta barca que avanza en medio de la tempestad es también imagen de la Iglesia de Cristo, la cual navega en este mundo y por la historia humana en medio del mal, de ese mar que le es hostil tanto desde fuera con el viento y la tempestad de los servidores del maligno, como desde dentro invadida por el agua de la falta de testimonio de los bautizados que amenaza con hundirla, cuando falta la unión plena con Cristo.

Pero a pesar de todo tenemos la seguridad de la presencia del Señor.

“No teman”—nos dice—“¿Cómo es que no tienen fe?” Aunque parezca que todo se hunde, allí está el Señor para impedirlo.

Hoy también recordamos a los padres en su día. A ellos se los invita a ser timoneles de una barca muy especial, la de la familia.

La familia también hoy está convulsionada por la falta de trabajo, de vivienda, de salarios dignos, de educación en la verdad, de atención en la salud o en la seguridad.

La familia muchas veces es bombardeada desde dentro, haciendo agua, por la desunión reinante entre padres e hijos, disoluciones matrimoniales, la falta de transmisión de la fe y de vivir desde la misma los distintos acontecimientos.

Y en esta familia así vapuleada quiere entrar también Jesús, y le dice “no tengan miedo”. A través de la figura del padre terreno, Jesús se hace presente, como cabeza que es del Cuerpo místico de la Iglesia.

Pidamos por lo tanto también por los padres para que puedan guiar firmemente a su familia, la barca que se les ha confiado.

Imploremos al Padre de todos nos de su gracia para vivir siempre según el Evangelio de la Verdad.
El Padre Ricardo B. Mazza es Director del CEPS Santo Tomás Moro en Santa Fe, Argentina. Este artículo está tomado de su blog, que se puede leer pulsando aquí

Somos Templo de Dios

Carlos Caso-Rosendi

Pregunta de un lector (que titula su pedido "Respuesta Urgente").

¿Qué significa que Dios no habita en templos construidos por manos humanas? No quiere decir que Dios no se circunscribe al templo (al de Jerusalén, al de Atenas, al que sea), porque el texto no lo expresa así. Tampoco quiere decir que Dios no habita en templos solamente, porque el texto no lo expresa así. Dios está en todos los sagrarios de todos los templos católicos del mundo. Entonces, por favor, explíquenme cómo interpretar esta cita (Hechos 7,48 y 17, 24)
P.Q.

Hechos 7,48 dice: "aunque el Altísimo no habita en casas hechas por mano de hombre como dice el profeta..."
Contexto: el capítulo 7 de Hechos habla del apedreamiento del diácono Esteban, el primer mártir católico.
Hechos 17, 24-25 dice: "El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra, no habita en santuarios fabricados por manos humanas, ni es servido por manos humanas, como si de algo estuviera necesitado, el que a todos da la vida, el aliento y todas las cosas."
Contexto: El discurso del apóstol San Pablo en el areópago—es A-RE-ó-PA-GO, y no AERó-PAGO como lo mal pronuncian algunos frecuentemente—En este discurso el apóstol presenta a los gentiles con la verdad del Evangelio, usando como tema de conversación el propio desconocimiento que los atenienses admitieron cuando le dedicaron un altar "al Dios desconocido".

Frecuentemente nos llegan preguntas capciosas de origen diverso, al buen estilo de los fariseos que siempre tenían preguntitas fatales para Jesús. Muchas de esas preguntas vienen de la mente de algún tío que cree que con un solo argumento mal cocido va a derribar a la Iglesia Católica, o al menos poner a quien les escribe en un aprieto (lo segundo, mucho más fácil que lo primero). Nunca falta uno que se levanta por la mañana y decide que su "buena acción del día" será la destrucción de la Iglesia de Cristo. Esta pequeña pregunta, sin embargo, parece venir de un católico despistado que nunca prestó atención en Misa. Pero, por el Internet uno nunca sabe.

En la Misa, Dios viene a su casa.

¿Por qué digo eso? Porque en la Misa comenzamos con un rito penitencial, que es una especie de confesión de todos los fieles al mismo tiempo, quienes confiesan lo obvio: somos pecadores. En segundo lugar declaramos el Credo, que es la profesión de fe en las doctrinas de la Iglesia por todos los fieles. Estas dos acciones son una forma de "limpiar la casa de Dios" o sea, los corazones de los fieles, antes de recibir a Dios en la Santísima Eucaristía. Esto no lo inventé yo. La Sagrada Liturgia nos habla por medio de signos y así nos presenta la enseñanza divina, así como también lo hace la Sagrada Escritura. Habiendo asistido a Misa, seguramente recordaremos lo que decimos un poquito antes de recibir la Comunión:
"Señor, no soy digno que entres bajo mi techo..." evocando las palabras del centurión en Mateo 8, 8 y Lucas 7, 6.
No hace falta ser un gran teólogo para asociar dichas palabras con la visita de Dios a su templo que San Pablo resume así en una de sus cartas:
"¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, que tenéis de Dios, y que no sois vuestros?" (1 Corintios 6, 19).
El Cuerpo de Cristo es el Templo
Todos los fieles conforman el Cuerpo de Cristo


Atención a las palabras de San Pedro:
"Acercándoos a él, piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida, preciosa ante Dios, también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo." (1 Pedro 2, 4-5)
En el centro de este misterio, las palabras de San Pedro y San Pablo nos revelan dos cosas:
—el cuerpo de cada uno de los fieles es un templo en el que Dios mora. La cual revelación llama a todos a recibir a Dios con una conciencia y un cuerpo limpios de toda maldad y desecración preparando una morada digna del Creador: una mente sana en un cuerpo sano con una conciencia limpia. Cristo, el Hijo del Hombre es el ejemplo perfecto de este celo por la pureza de la casa de Dios (Juan 2, 17-25) y la primera piedra del Templo celestial de Dios, la Iglesia glorificada.

—los cuerpos de todos los fieles conforman el Cuerpo de Cristo, la Iglesia, obra de Dios y no de hombres, en la que mora el Espíritu Santo. Por eso decimos en el Credo "Creo en el Espíritu Santo, la Comunión de los Santos, la Santa Iglesia Católica" y lo decimos en ese orden, ya que sin Espíritu de Dios no hay comunión y sin comunión entre los fieles, no habría Iglesia.
Las dos sucintas citas de los Hechos que forman parte de la pregunta de nuestro lector, iluminan el significado de este misterio y por eso las examinaremos someramente en su contexto completo. La primera cita viene de Hechos 7, el discurso de Esteban ante sus ejecutores, los miembros del Sanedrín de Jerusalén.

Por el vers. 55 sabemos sin duda que Esteban era "un varón lleno de Espíritu Santo". También sabemos que fue uno de los primeros diáconos de la Iglesia. Era condición para ser diácono, el "estar lleno de Espíritu Santo", o sea, llevar una vida visiblemente limpia y digna de la Palabra que habita en nosotros (ver Hechos 6, 1-6). En su discurso, Esteban da testimonio de la desobediencia y rebeldía de Israel. Entre otras cosas les recuerda que Israel ha recibido a dioses extraños en la tierra que Dios les había dado y por causa de eso, Israel había tenido que sufrir el exilio (vers. 43) O sea, cuando Israel dejó entrar EN SU CASA a dioses falsos, Dios les castigó enviándolos a morar como esclavos en Babilonia, que era LA CASA de dichos dioses.

Con esto se entiende que si no aceptamos al Dios verdadero en nuestro ser, ese espacio vacío, por muy limpio que se halle, será habitado por un dios falso y nos causará el exilio de la casa o familia de Dios. En su forma última, este exilio es el infierno y la pérdida de la visión beatífica, que es la vida eterna en compañía de Dios en el cielo. Ese exilio final es del destino de los que invitan a Dios a una casa inmunda, peor aún, de quienes no invitan a Dios a reinar en sus conciencias y en todo su ser. (Lucas 11, 23-28)

Luego en Hechos 17, 24, San Pablo, hablando a los atenienses explica:
"El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra, no habita en santuarios fabricados por manos humanas, ni es servido por manos humanas, como si de algo estuviera necesitado, el que a todos da la vida, el aliento y todas las cosas. El creó, de un solo principio, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra fijando los tiempos determinados y los límites del lugar donde habían de habitar, con el fin de que buscasen la divinidad, para ver si a tientas la buscaban y la hallaban; por más que no se encuentra lejos de cada uno de nosotros; pues en él vivimos, nos movemos y existimos, como han dicho algunos de vosotros: "Porque somos también de su linaje." "Si somos, pues, del linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad sea algo semejante al oro, la plata o la piedra, modelados por el arte y el ingenio humano. "Dios, pues, pasando por alto los tiempos de la ignorancia, anuncia ahora a los hombres que todos y en todas partes deben convertirse, porque ha fijado el día en que va a juzgar al mundo según justicia, por el hombre que ha destinado, dando a todos una garantía al resucitarlo de entre los muertos."
Este pasaje que ciertos iconoclastas usan (erradamente) para proclamar innecesarios a todos los templos, nos enseña que Dios creó a la humanidad para morar con El y al mismo tiempo para morar El EN ella. Esto nos da la idea de una comunión especial entre Dios y los hombres, que el Evangelio revela al mundo para invitar a los hombres a sentarse, por así decirlo, a la mesa de Dios. Volviendo a la Misa, eso es justamente lo que la Sagrada Liturgia revela, así como también las Sagradas Escrituras (Apocalipsis 3, 19-20).
"Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo." (Apocalipsis 3, 20).
Por lo que es simple y evidente en la Tradición y las Escrituras: Dios no mora en templos hechos de manos, pero nos ha preparado un cuerpo destinado a la gloria celestial si vencemos en la batalla espiritual de este mundo. Esa batalla se vence con la pureza, la virtud divina a la que llegamos por medio de los Sacramentos que Cristo y sus Apóstoles nos legaron. En este cuerpo, con una conciencia limpia, recibimos a Dios en la Santísima Eucaristía y habiendo limpiado El mismo nuestra conciencia, viene a habitar en nosotros.

Hebreos 10, 16-25 lo resume bien:
—"Este es el pacto que haré con ellos. Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré, y añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado." Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca."
Si San Pablo exhorta a "no dejar de congregarnos" ¿En qué lugar nos congregamos? Por ejemplo, en la parroquia a la que asisto hay cinco misas durante el fin de semana, a la que asisten unas 800 personas por Misa. Para eso tenemos un templo donde podemos adorar razonablemente y en orden. Si tuviéramos que reunirnos en mi casa, tendríamos un problema ¿verdad? Dios no mora en templos hechos de manos, pero se acerca a los fieles en todo momento y en todo lugar. Uno de esos lugares es el templo, un espacio consagrado por los fieles a la adoración de Dios. Eso no es muy difícil de entender ¿verdad?

Luego, la advertencia de Jesús en el Apocalipsis es clara, Su Divinidad es garantía de que podemos morar con El si nos mantenemos puros de conciencia y cuerpo, invitándolo así a morar con nosotros.
"Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Ultimo, el Principio y el Fin. Dichosos los que laven sus vestiduras, así podrán disponer del árbol de la Vida y entrarán por las puertas en la Ciudad. ¡Afuera están los perros, los hechiceros, los impuros, los asesinos, los idólatras, y todo el que ame y practique la mentira!" (Apocalipsis 22, 13-15)
La idea de los fieles como templo del Espíritu Santo es inseparable de la doctrina católica de la Eucaristía. Es en la Eucaristía que Dios, en el misterio de la Comunión, hace su morada en los fieles. (Juan 6) ¿Significa esto que no debiéramos tener iglesias, basílicas, etc.? Hay quienes tuercen la verdad de la Biblia, amparándose en un par de versículos mal interpretados, para pensar así. Si tal cosa fuera cierta, Dios no hubiera hecho erigir el Tabernáculo en el desierto, o el Templo de Salomón. Es obvio que el edificio parroquial presta un servicio a Dios, a quien debemos la debida reverencia y a quien no podríamos adorar en baldíos o matorrales so pretexto de que "no mora en templos hechos de manos". Es muy cierto que los cielos de los cielos no pueden contener a Dios, pero eso no quita que Dios no pueda visitar su propia creación y morar con los hombres tal como está profetizado:
"Esta es la morada de Dios con los hombres. Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y él Dios con ellos, será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado." Apocalipsis 21, 3-4