P. Tadeus PacholczykMucha gente influyente e instituciones de nuestra sociedad, incluyendo Hollywood y los medios masivos de comunicación, apoyan con fuerza el aborto. Sin embargo, para justificar su posición, deben desafiar la lógica e ignorar ciertas obvias verdades.
Un ejemplo de este desvío es el argumento repetido con frecuencia de que el aborto es un asunto que se reduce al cuerpo de la mujer. La actriz Amy Brenneman, lo puso así, "A menos que una mujer realmente tenga soberanía sobre su propio cuerpo realmente no hemos llegado tan lejos."
La falla evidente de este argumento fue inteligentemente expuesta hace ya unos años por la supermodelo Kathy Ireland (que en un tiempo apoyaba el aborto) durante una entrevista en televisión: "Hay gente que dice, 'Bueno, es el cuerpo de la mujer; ella debiera elegir. Hay un 50% de probabilidades de que el bebé sea un varón, y que por lo tanto, tenga un pene. Las mujeres no tienen penes. Así que el bebé reside en el cuerpo de ella; y no es parte de su cuerpo." Debería ser innecesario explicar que los bebés tienen sus propios cuerpos, los defensores del aborto deben pasar por alto la evidencia para promover su propia agenda.
Esa alteración se hace clara cuando el asesinato de un abortista salta a las primeras planas. Luego de que alguien baleara recientemente al Dr. George Tiller, el abortista de Kansas que practicaba abortos en gestaciones avanzadas, casi todos los medios periodísticos lamentaron la tragedia de su muerte, dejando de mencionar las 60.000 muertes que Tiller mismo coordinó en sus clínicas.
Varios comentaristas en la televisión, sin embargo, notaron la contradicción. Ann Coulter, por ejemplo, mencionó satíricamente, "... Ese loco que disparó contra Tiller ... no quiero pensar en eso como un asesinato. Fué terminar a Tiller su trimestre número 203." Y agregó: "Me opongo personalmente a disparar contra abortistas, pero no quiero imponer mis valores morales a otros."
Coulter no pudo resistir la tentación de exponer la lógica fallida que yace detrás de toda la retórica y los lemas de los abortistas: "Si no crees en el aborto, entonces no abortes," a lo que ella replicó: "Si no crees en disparar contra los abortistas, entonces no dispares contra los abortistas." Nadie ha resumido más claramente la lógica criminal del aborto como la Madre Teresa, cuando declaró en 1979 al dar su discurso aceptando el Premio Nobel de la Paz: "... Si una madre puede matar a su propio hijo—¿Qué queda sino "yo te mato y tú me matas"?—nada nos separa de eso."
El caos moral del aborto comienza con sus defensores fingiendo no saber cuando comienza la vida. George Jonas, en su ensayo inteligentemente titulado "Pensamientos de Quien Fuera un Feto", observó como los defensores del aborto "pretenden no darse cuenta que la vida es un proceso continuo desde la cigota hasta la vejez, una fuerza que se sostiene por sí misma a menos que alguien pase la aspiradora por el útero y la liquide ... se hacen los que no ven, que si un feto no estuviera vivo, no tendría que ser asesinado."
Quizás la explicación más clara de por qué los defensores del aborto están tan dispuestos a desafiar la lógica y la evidencia, la produjo Dale Vree. Vree fue invitado a una "charla en la sala" sobre el aborto en 1989 que incluyó a seis prominentes defensores pro-vida, seis pro-aborto, y uno o dos sin un punto de vista específico sobre el asunto.
Vree esperaba que el debate se centrara en cuando comienza la vida, pero no ocurrió así. Ni siquiera se llegó a los casos más graves -- violación e incesto. cuando una de las feministas radicales arguyeron que el aborto es simplemente el derecho a tomar una decisión, uno de los pro-vida replicó que la decisión se toma cuando se decide tener relaciones sexuales. Entonces uno de los pro-aborto espetó: "Nosotros somos pro-sexo y vosotros sois anti-sexo," lo que según Vree, significa "apoyan el sexo de cualquier manera en muchas formas, mientras que para nosotros los pro-vida se reduce al matrimonio heterosexual." Han dejado bien claro que están comprometidos con la revolución sexual, y que dicha revolución se marchita si no se la riega con abortos; esa es su mayor preocupación."
De hecho esto parece ser el centro de la cuestión, la cuestión central que ha llevado a las feministas radicales, Hollywood, y otros defensores del aborto a sacrificar millones de niños en el útero desde los años setenta. George Jonas lo puso así: "Inventamos eufemismos, como "elección" para decir "asesinato", y dilemas sofísticos, como fingir que no sabemos cuando comienza la vida, para asegurarnos que no haya nada que impida a la mujer encontrar a su Santa Claus. Nada debe interferir con su meta de realizarse—menos aún su saludable apetito sexual."
En el análisis final, esta es probablemente la mayor tragedia de nuestro tiempo, los inusuales y desordenados apetitos sexuales de los hombres y mujeres de nuestro tiempo han consentido en retorcer la lógica moral más rudimentaria hasta el punto de permitir la muerte de tantos niños inocentes.
Traducido por Carlos Caso-Rosendi












